Su infancia y juventud transcurrió en Moscú. Hijo de una acomodada familia judía que hubo de trasladarse a Alemania tras la revolución bolchevique. Pero Vishniac prefirió terminar sus estudios de biología y zoología. No fue hasta 1920 cuando se reencontró con sus padres en Berlín, en compañía de su mujer, Luta. “Era ya entonces un gran aficionado a la fotografía. Queda claro en las imágenes que tomó de su esposa durante su luna de miel”, destaca la comisaria. Sus primeras imágenes tienen un tono pictorialista, pero pronto se lanzaría a la calle con su cámara adentrándose en el cosmopolita y libérrimo Berlín de la República de Weimar, afinando su mirada mientras asimilaba las nuevas propuestas experimentales provenientes de la vanguardia.

Con la llegada de Hitler al poder y la consiguiente escalada antisemita comenzaría silenciosamente a documentar la vida de los judíos, eludiendo a la policía local. “Como judío, era mi obligación con mis ancestros, quienes crecieron entre aquellos que estaban siendo amenazados, preservar -en imágenes, al menos- un mundo que pronto podía dejar de existir”, recordaba el fotógrafo años más tarde. En varias ocasiones su hija le sirvió como modelo -y tapadera-, posando al lado de carteles de propaganda antisemita y esvásticas.

Entre 1935 y 1938 comenzó a viajar por la Europa del Este, “comisionado por Dios”, como diría en una entrevista, para documentar el día a día de las comunidades judías, Sin embargo, Benton descubrió que viajaba por encargo del Comité Judío Americano de Distribución Conjunta (JDC). Fueron estás imágenes, que componen su libro más conocido, A Vanished World, publicado en 1983, las que le dieron fama; las mismas que despiertan recelos entre sus críticos, quienes señalan la sobreabundancia de imágenes reflejando la pobreza y la devoción, dejando de lado aquellas de los más prósperos y acaudalados .“Se centró en la pobreza porque era precisamente su objetivo. Creo que todo empezó como un proyecto personal en Berlín, pero cuando el JDC supo de su obra, a través de las organizaciones de ayuda a los judíos alemanas, le asigno para documentar a los más pobres y así conseguir fondos para asistirlos”, aclara Benton. “Pretendían dar a conocer las condiciones en las que vivían los judíos en Hungría, Polonia y Checoslovaquia. Fotografiar el antisemitismo. En su trabajo reverbera aquel de Walker Evans y Dorothea Lange, comisionados por la Administración para la Seguridad Agraria, durante los años de la Depresión”. Sus críticos también apuntan a las inexactitudes de los pies de fotos que acompañan a las fotografías. “Es parte de la tradición de la fotografía documental crear una narrativa que acompañe a las imágenes que revele un enfoque más amplio de la cuestión”, destaca Benton. “Los pies de fotos hacen referencia a una situación en general y podrían no encajar con una imagen en concreto. Su cometido era reflejar el sufrimiento de los judíos”.

En 1940, Vishniac abrió un estudio de retratos en el Upper West Side neoyorquino, y continuó fotografiando la calle por un corto periodo de tiempo. Destacan los retratos tomados a Einstein y Marc Chagall y aquellos de músicos de Jazz y comediantes. Pero fue la ciencia la que volvió a ocupar la mente del artista, quien a los siete años acopló un microscopio a una cámara para realizar imágenes magnificadas de insectos y plantas. “Fotografió el mundo, pero en el fondo era un científico”, subraya Benton. Desde el principio sus intereses por la fotografía y la ciencia se entrelazaron, así cuando llegó a Berlín permaneció activo tanto en las asociaciones de fotografía como en las dedicadas a la entomología. Retomaría la ciencia convirtiéndose en uno de los pioneros en el uso de la luz polarizada para magnificar y documentar plantas e insectos. Sus imágenes se publicaron en cientos de revistas científicas como Nature y Omni, así como en Life. «Ejerció como profesor de biología y de arte, algo que no existe hoy en día, donde ambas disciplinas están totalmente separadas», comenta la comisaria. “Conservaba la pasión de un niño. En la exposición hemos intentado recrear el ambiente de su laboratorio, y resulta muy sorprendente adentrarse en esta atmósfera para aquellos que vienen buscando al autor de las fotos más conocidas de la Europa del Este. Fue el tipo de hombre adecuado, que supo estar en el sitio acertado en el momento oportuno”.

Hizo historia como el cronista de un mundo a punto de extinguirse: el de las comunidades judías de la Europa del Este en vísperas del holocausto. Sus nostálgicas imágenes de taciturnos ancianos, rabinos caminando por las frías calles de los shtetl (pueblo con un alto número de judíos), de inocentes niños en las escuelas y de resignados tenderos sin apenas nada que vender, convirtieron a Roman Vishniac (1897, Pavlovsk, Rusia-1990, Nueva York) en “el gran fotógrafo de los judíos”. Ahora una nueva exposición se propone reivindicar su figura “como uno de los grandes fotógrafos del siglo XX, en paralelo con los grandes icónos de fotografía documental social de la época, como Dorothea Lange, Walker Evans o Cartier-Bresson, y otros referentes del medio”, según señala Maya Benton, comisaria de Roman Vishniac Rediscovered  que se presenta simultáneamente en The Photographers Gallery y el Jewish Museum de Londres.

“Fue un fotógrafo extraordinariamente versátil, prolífico e innovador”, destaca Benton. “Y gran parte de su fuerza radica en su versatilidad”. Su obra más conocida solo abarca cuatro años de una trayectoria de cinco décadas. El resto permaneció desconocido hasta hace unos pocos años cuando la comisaria, también de orígenes judíos, comenzó a ahondar en la vida y obra de este controvertido autor, cuya biografía está cuajada por grandes lagunas. Su archivo -compuesto por más de diez mil negativos así como archivos fílmicos, correspondencia privada y otro tipo de documentos- se encuentra en la actualidad en el International Center of Photography (ICP), en Nueva York. “La exposición introduce por primera vez el amplio espectro de una trayectoria radicalmente diversa”, explica la comisaria. “Parte de su carácter innovador se debe a que se encontraba en la vanguardia de algunos de los planteamientos que ensancharon el medio en el siglo XX. Y en cada una de estas fases desempeñó su oficio con una extraordinaria destreza y agudeza”.

Mara Vishniac Kohn actúa como narrador de VISHNIAC y nuestro principal punto de entrada a la vida, obra y familia de Roman Vishniac. Nacida en 1926 en Berlín, Mara creció cuando los nazis subieron al poder. Ella era un tema frecuente de las fotografías de su padre, por no hablar de su ayudante en el cuarto oscuro de su apartamento. Ella recuerda la relación de su padre con sus sujetos y puede relatar muchos de los momentos en los que se tomaron ciertas fotografías. Sus recuerdos personales dan vida a su mundo antes de la guerra.

Mara también tiene una relación especial con lo que ella llama «el trabajo». Ha estado ahí durante toda su vida. Su hermano mayor, el científico Wolf Vishniac, murió durante una expedición de investigación en la Antártida en 1973, convirtiéndola en la única heredera de la colección Vishniac. Desde la muerte de su padre en 1990, Mara se ha dedicado a preservar su legado. Ayudó a publicar tres libros de sus fotografías y ha trabajado activamente para exhibir su trabajo en todo el mundo. Ella reconoce la importancia de este archivo y está conectada a él de manera visceral.

Ahora en sus 90, Mara es un recurso invaluable, tanto como narradora como experta en el archivo de Vishniac.

La obra de Vishniac es poderosa y elocuente, una representación formal, clásica y, sin embargo, poética del tiempo y el espacio de la toma de fotografías. Modernista pero romántico, monumental, sociológico pero lúdico, su obra se empapa de la música de la gente y el lugar, retratando los rituales de una vieja sociedad a punto de ser arrastrada por la vorágine de la guerra. Son un gozo para la vista.

Aquí hay felicidad y tristeza, pobreza urbana, aislamiento (como en figuras entre sí, figuras aisladas dentro de su mundo y dentro del marco pictórico: vea a la gente caminando en todas direcciones en Isaac Street, Kazimierz, Cracovia 1935-38, abajo) , y nostalgia (por lo perdido). Aquí está la vida … y la muerte.

Aquí está un hombre guapo, Ernst Kaufmann, nacido en Krefeld, Alemania, en 1911. Detenido en junio de 1941 y asesinado en agosto de ese año en el campo de concentración de Mauthausen en Austria. Asesinado con apenas 30 años. Como recuerda Vishniac de su retrato de David Eckstein de siete años, «observé a este niño durante casi una hora, y en este momento vi toda la tristeza del mundo». No olvidemos nunca de lo que somos capaces los seres humanos, no sea que la historia se repita y todas nuestras libertades luchadas duramente sean destruidas.

A pesar del bullicio y el movimiento de la gente, los pueblos y los mercados, para mí es la sensibilidad de un momento tranquilo, bellamente observado, lo que me atrae cada vez. Esa mano ( Agotada. Un portador de cargas pesadas, Varsovia  c. 1935-38, abajo), apoyada en el pecho de un porteador exhausto, vista en toda su claridad y en humanidad es trascendente. Esa intensa sensación de un momento prolongado, (in) decisivo, si es que alguna vez hubo uno.

En mi humilde opinión, Vishniac es uno de los mejores fotógrafos de documentales sociales del siglo XX que jamás haya existido.

De 1935 a 1938, Vishniac realizó numerosos viajes a la ciudad de Mukacevo, un importante centro de aprendizaje religioso entre los judíos de Checoslovaquia, Hungría y la región de los Cárpatos. Mukacevo era ampliamente conocido por sus famosos rabinos y yeshivot (escuelas religiosas). Esta imagen de escolares judíos aparece recortada en la portada de la primera publicación póstuma de Vishniac, To Give Them Light;el negativo recientemente digitalizado revela que representa sólo una quinta parte del fotograma completo. Vishniac a menudo ordenaba a los impresores o editores que recortaran sus imágenes para centrarse en hombres o niños judíos religiosamente observantes, identificables por su vestimenta, una decisión editorial que a veces restó valor a la composición al subvertir las consideraciones estéticas para enfatizar la vida religiosa y observadora. El negativo revela la perspicacia compositiva instintiva de Vishniac: una escena callejera animada y vibrante, con el rostro radiante y ligeramente desenfocado de un niño en primer plano y numerosas manos empujando dentro y fuera del encuadre, comunicando la vitalidad y vivacidad de los estudiantes.

Esta imagen inédita de un portero en reposo en su vagón demuestra la estética moderna de Vishniac y la influencia de la vanguardia en su trabajo. La pendiente diagonal de la figura central, extendida a lo largo de un plano inclinado, llena todo el marco. La amalgama intuitiva de patrones y texturas, uno de los mayores talentos de Vishniac, es evidente en toda la imagen: la luz reflejada en la hebilla del cinturón adornada; el tejido trenzado de doble estampado de su chaleco de lana encogido, que apenas oculta una camisa a cuadros; y las formas redondas de rueda y cubo que dividen la línea angular que forma la figura central. Es un triunfo de texturas, ángulos y líneas,sin embargo, el letrero desgastado con el nombre Nuta Hersz y su número de licencia de portero nos recuerda que el sujeto de la fotografía es víctima de boicots antisemitas y las limitadas oportunidades laborales (solo vendedores y porteadores) permitidas a los judíos en Polonia en ese momento. «

“Vishniac viajó a remotas aldeas judías en las zonas rurales de los Cárpatos de Rutenia a finales de la década de 1930, y en muchos casos fue el único fotógrafo que documentó estas comunidades, que habían estado aisladas durante cientos de años, pero que mantenían una conexión duradera con la observancia, las costumbres y y tradiciones.

Cada detalle de esta imagen la convierte en una fotografía casi perfecta: el sentido del movimiento y los variados gestos y expresiones vibrantes de las figuras; las bandas horizontales cuidadosamente equilibradas de sombra y tela rayada; el detalle de una mujer mirando por una ventana mientras un panel de vidrio en la estructura de revestimiento apunta en la dirección de un edificio triangular con un ángulo imposible que divide verticalmente el marco por la mitad; y la sensación colectiva de sorpresa al encontrarse con el fotógrafo. Como gran parte del trabajo inédito de Vishniac, esta composición recuerda la descripción de Henri Cartier-Bresson del momento decisivo (una organización precisa de formas que dan a un tiempo y lugar su expresión ideal) y coloca a Vishniac a la par de los grandes fotógrafos del siglo XX ”.

“El niño de esta fotografía ha sido identificado como David Eckstein, un sobreviviente del Holocausto que actualmente vive en una comuna en el suroeste de Estados Unidos. Nacido en 1930 en la pequeña ciudad de Brod, Eckstein tenía siete años cuando Vishniac tomó varias fotografías de él, sus compañeros de clase y su maestro justo antes del embate de la Segunda Guerra Mundial. Vishniac recordó más tarde: «Observé a este niño durante casi una hora, y en este momento vi toda la tristeza del mundo». Este retrato fue seleccionado más tarde como la portada de la primera publicación de Vishniac, Judios polacos: un registro pictórico (1947), y reimpreso en la portada de la colección de historias ganadora del Premio Nacional del Libro de IB Singer, A Day of Pleasure: Stories of a Boy Growing Arriba en Varsovia (1969) ”.

“Vishniac documentó la pobreza urbana en Varsovia, a menudo centrándose en las frías y oscuras viviendas de las familias en las que vivían niños judíos hambrientos en condiciones de hacinamiento. Vishniac fotografió a esta mujer cuidando a sus nietos mientras sus padres buscaban trabajo en uno de los 26 compartimentos del sótano, cada uno habitado por una gran familia. En junio de 1941, el National Jewish Monthlypublicó esta imagen con el título ‘Los judíos polacos, que alguna vez fueron el baluarte de los judíos del mundo, están perdidos como comunidad. Incluso si Hitler perdiera el poder mañana, sus instituciones y organizaciones quedarían destrozadas sin remedio, no podrían reconstruirse en generaciones. Pero los individuos permanecen, hambrientos y perseguidos. Esta imagen muestra a una abuela y sus nietos. ¿Qué va a ser de ellos y de los millones de otras víctimas inocentes de la violencia y el terror fascistas?

Vishniac documentó las viviendas del sótano de Varsovia utilizando la escasa luz natural que se filtraba a través de algunas ventanas estrechas y altas, lo que requería que disparara durante el día, cuando los adultos a menudo buscaban trabajo o vendían sus mercancías y los niños a veces eran los únicos habitantes en el interior. . Esta fotografía de Sara, una de las imágenes más icónicas de Vishniac, fue reproducida en latas de caridad, o cajas de tzedakah, y distribuida por toda Francia por organizaciones judías de servicios sociales, incluido el American Jewish Joint Distribution Committee (AJDC) a fines de la década de 1930.

Un fotógrafo extraordinariamente versátil e innovador, Vishniac es mejor conocido por haber creado uno de los registros fotográficos más reconocidos y reproducidos de la vida judía en Europa del Este entre las dos guerras mundiales. Con muchas de sus obras más icónicas, esta completa exposición presenta más capítulos recientemente descubiertos y menos conocidos de su carrera fotográfica desde principios de la década de 1920 hasta finales de la de 1970. La exposición en distintos lugares presenta obras de trabajo radicalmente diversas y posiciona a Vishniac como uno de los fotógrafos documentales sociales más importantes del siglo XX, cuyo trabajo también se inscribe en una tradición más amplia de la fotografía modernista de los años treinta.

Nacido en Pavlovsk, Rusia en 1897 en una familia judía, Roman Vishniac se crió en Moscú. En su séptimo cumpleaños, le regalaron una cámara y un microscopio, lo que inició una fascinación de por vida por la fotografía y la ciencia. Comenzó a realizar experimentos científicos tempranos conectando la cámara al microscopio y cuando era adolescente se convirtió en un ávido fotógrafo aficionado y estudiante de biología, química y zoología. En 1920, tras la Revolución Bolchevique, emigró a Berlín, donde se unió a algunos de los muchos clubes de cámaras florecientes de la ciudad. Inspirado por el cosmopolitismo y la rica experimentación cultural en Berlín en este momento, Vishniac usó su cámara para documentar su entorno.Este primer cuerpo de trabajo refleja la influencia del modernismo europeo con sus encuadres y composiciones que favorecen los ángulos agudos y el uso dramático de la luz y la sombra para informar su tema.

El desarrollo de Vishniac como fotógrafo coincidió con los enormes cambios políticos que se produjeron en Alemania, que capturó con firmeza en sus imágenes. Representan un inquietante presagio visual de los crecientes signos de opresión, la pérdida de derechos de los judíos, el ascenso del nazismo en Alemania, la propaganda insidiosa: banderas con esvásticas y desfiles militares, que se estaban apoderando tanto de las calles como de la vida cotidiana. A los judíos alemanes se les boicoteó rutinariamente sus negocios, se les prohibió la entrada a muchos lugares públicos y se los expulsó de las escuelas arianizadas. También se les impidió ejercer profesiones en derecho, medicina, docencia y fotografía, entre muchas otras humillaciones y recortes de las libertades civiles. Vishniac registró esta dolorosa nueva realidad a través de imágenes intransigentes que muestran comedores, escuelas y hospitales judíos.oficinas de inmigración y campos de entrenamiento agrario sionistas, sus fotos registran la velocidad con la que la ciudad cambió de una sociedad intelectual abierta a una donde el militarismo y el fascismo se estaban acercando.

Vishniac salió de Europa en 1940 y llegó a Nueva York con su familia el día de Año Nuevo de 1941. Continuó registrando el impacto de la Segunda Guerra Mundial durante las décadas de 1940 y 1950, centrándose en particular en la llegada de refugiados judíos y sobrevivientes del Holocausto a los EE. UU. , sino también a otras comunidades de inmigrantes, incluidos los estadounidenses de origen chino. En 1947, regresó a Europa para documentar los refugiados y los esfuerzos de socorro en los campos de judíos desplazados y también para presenciar las ruinas de su antigua ciudad natal, Berlín. También continuó sus estudios biológicos y complementó sus ingresos con la enseñanza y la escritura.

En Nueva York, Vishniac se estableció como fotógrafo independiente y construyó un exitoso estudio de retratos en el Upper West Side de Manhattan. Al mismo tiempo se dedicó a la investigación científica, retomando su interés por la Fotomicroscopía. Esta aplicación particular de la fotografía se convirtió en el foco principal de su trabajo durante los últimos 45 años de su vida. A mediados de la década de 1950, fue considerado un pionero en el campo, desarrollando técnicas cada vez más sofisticadas para fotografiar y filmar formas de vida microscópicas. Vishniac fue nombrado profesor de biología y arte en varias universidades y sus innovadoras imágenes e investigaciones científicas se publicaron en cientos de revistas y libros.

Aunque estaba integrado principalmente en la comunidad científica, Vishniac era un agudo observador y estudioso del arte, la cultura y la historia y habría estado al tanto de los desarrollos en la fotografía que ocurrían a su alrededor y del trabajo de sus contemporáneos. En 1955, el famoso fotógrafo y curador del museo Edward Steichen presentó varias de las fotografías de Vishniac en el influyente libro y exposición itinerante The Family of Man que se muestra en el Museo de Arte Moderno. Steichen luego describe la importancia del trabajo de Vishniac. “[Él] … da una mirada de último minuto a los seres humanos que fotografió justo antes de que la furia de la brutalidad nazi los exterminara. Las fotografías resultantes se encuentran entre los mejores documentos fotográficos de una época y un lugar «.

Roman Vishniac Redescubierto ofrece una reevaluación oportuna de la vasta producción fotográfica y el legado de Vishniac y reúne, por primera vez, sus obras completas, que incluyen grabados antiguos recientemente descubiertos, imágenes de películas raras y ‘perdidas’ de su período anterior a la guerra, hojas de contacto, correspondencia, publicaciones de revistas originales, grabados de exhibición de nueva creación, así como su aclamada fotomicroscopía.

Extraído del Archivo Roman Vishniac en el Centro Internacional de Fotografía, Nueva York y curado por Maya Benton en colaboración con la curadora de la Galería de Fotógrafos, Anna Dannemann y la curadora del Museo Judío de Londres, Morgan Wadsworth-Boyle, cada lugar proporcionará material contextual adicional para iluminar las obras expuestas y llevar al artista, sus obras y su importancia a la atención del público del Reino Unido. Roman Vishniac Redescubierto está organizado por el Centro Internacional de Fotografía.

La hija de Vishniac, Mara, de siete años, fue fotografiada de pie frente a este cartel de 1933 que celebra el reciente nombramiento de Hitler como canciller alemán. El cartel anuncia un plebiscito para permitir la retirada de la Liga de Naciones y la Conferencia de Desarme de Ginebra, que restringió la capacidad de Alemania para desarrollar un ejército. Otros carteles incluyen las consignas “¡Madres, luchen por sus hijos!”, “¡La próxima generación los acusa!” Y “En 8 meses … 2.250.000 compatriotas capaces de poner comida en la mesa. Bolchevismo destruido. Superado el seccionalismo. Se construyó un reino y un orden de limpieza … Esos son los logros del gobierno de Hitler … «

Ernst Kaufmann nació en Krefeld, Alemania, en 1911. Fue arrestado en junio de 1941 y asesinado en agosto de ese año en el campo de concentración de Mauthausen en Austria.

Esta fotografía es sorprendentemente similar en tema y composición a una placa en relieve de bronce realizada en 1935 por el artista holandés Hildo Krop (1884-1970) para el monumento en Afsluitdijk, una presa que se completó en 1933 en el norte de los Países Bajos. El relieve muestra a tres canteros debajo del texto «Una nación que vive construye para el futuro». El arquitecto modernista holandés Willem Dudok (1884-1974) diseñó el Afsluitdijk y en 1935 se añadió la placa de Krop. La presa fue un triunfo de la ingeniería holandesa y un motivo de orgullo nacional. Los residentes del Werkdorp probablemente llevaron a Vishniac al Afsluitdijk; el conocido relieve sin duda lo inspiró a montar esta toma, una composición ideal para su imagen heroica de los pioneros judíos en el Werkdorp, y una inusual combinación de sensibilidades visuales nacionalistas holandesas y sionistas.

La Casa de la Comunidad Judía de Bensonhurst, conocida como la «J», se estableció en 1927 para servir a la creciente población de judíos estadounidenses de primera generación que emigran al sur de Brooklyn. La misión de la J, de «ennoblecer a la juventud judía» mediante la construcción y el fomento de un sentido de comunidad judía, se logró mediante la promoción de las artes y la recreación para todas las edades. Sandy Koufax, la leyenda del béisbol de las grandes ligas judías estadounidenses, un habitual del J, había comenzado su carrera deportiva allí como jugador de baloncesto.

En una desviación dramática de sus fotografías icónicas de niños empobrecidos en la Europa oriental de antes de la guerra, aquí Vishniac se centró en los niños estadounidenses jóvenes, fuertes y saludables. La vitalidad de los niños se ve reforzada por las líneas diagonales y los ángulos geométricos de las cuerdas, lo que contribuye a una composición contundente e innovadora que refleja la obra estadounidense hasta ahora desconocida de Vishniac de la década de 1940.

El Washington Market de Nueva York, famoso por su excepcional variedad y cantidad de alimentos, se estableció en el siglo XVIII. Vishniac documentó que las clientas, en su mayoría mujeres, esperaban el servicio durante un período de restricciones de guerra y racionamiento de alimentos. A través de un encuadre cuidadoso, los clientes se enfrentan a mostradores desnudos y vitrinas vacías, capturó expresiones desencantadas que pueden leerse como una proyección de la propia experiencia de Vishniac como un nuevo inmigrante en Estados Unidos, así como un registro de privaciones comparativas en la antigua abundancia de Washington. Mercado. Como tal, anticipan el aislamiento y la indiferencia mostrados en The Americans por Robert Frank, otro inmigrante judío de la Europa devastada por la guerra.

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