- “La fotografía trata sobre todo del intento de ir quitando cosas” Doyle
- Fotografia y músico.
- Nace en Dublin en 1969
- Estudia pintura y fotografía en la Universidad.
- Toda su obra se ubica en Dublin y alrededores.
- Comienza a hacer fotos cuando tenia 42 años.
- La pasión por la música que es con lo que empezó se aprecia en su obra fotográfica.
- Fundo la Dublin Electronic Festival y fundó dos discográficas.
- Su desencanto con el negocio musical, es lo que le hace dejarlo y volcarse en la fotografía. En esa época le gustan los fotógrafos de Magnum de la época clásica.
- No es un fotógrafo de salir a hacer fotos diariamente.
- Fotografia su Dublin natal, y a veces lo hace desde la propia puerta de su casa, no lo hace a mas de 500 0 600 metros de ese lugar.
- Martin Parr declaró que su libro I, era el mejor libro de foto de alle de la década, y eso hizo que se agotara y se reconociera a nivel mundial.
- En el año 2017 expone en Arles, junto con un músico y un diseñador en una exposición-performance.
- Su trilogía de Dublin está compuesta de 3 libros
- I
- ON
- END
- STATE VISIT .- Este es un trabajo que hace retratando la alcantarillas de Dublin. Con motivo de la visita de la reina Isabeel II, la policía analizó una por una las alcantarillas del recorrido, y las marcó con pintura amarilla o blanca para detectar las que ya había investigado, el hace las fotos y las monta en forma de collage. Es una declaración contra la visita, por los mismos lugares que habían vivido la lucha por la independencia de Irlanda de Inglaterra.
- I
- Es su primer libro sobre Dublin y el que le lanza a la fama.
- Retrata en color y de forma cenital a peronas que pasan por su calle cerca de su casa.
- Casi siempre de espaldas, gente deconocida, con una inclinación como si fueran a caerse en cualquier momento, similar a la I inclinada que aparece en la portada del libro.
- Formato vertical y un color muy especial, la toma cenital consigue aislar al personaje, y lo único que se ven son líneas de la calle, o aceras.
- Analizando las fotos se ven los detalles de las pesonas, el peinado, los abrigos, los gorros, etc.
- Casi todos son personas mayores, como si no hubiera niños en Dublin.
- Considera que no es un fotógrafo de calle, y dice que preferiría fotografiar a esas personas en su propio domicilio.
- La foto de calle se le asemeja a la música electrónica porque hay mucha experimentación. Dice que la fotografía de calle nunca puede ser conceptual, porque si sales con una idea preconcebida no aprecias los hechos inesperados.
- ON
- Segundo trabajo de la trilogía de Dublin.
- Para este libro sacó tres portadas diferentes.
- Aquí las fotos son el blanco y negro, y la toma es contrapicado para que se vean los edificios de la ciudad, como telon de fondo de los retratos.
- Son fotos muy tristes de gente sin esperanza, ni ilusión.
- Aunque sus libros están agotados, no es partidario de la reedición de los mismos. Dice que al no hacerlo la gente valora mas lo que significa un libro.
- Expone las fotos en gran tamaño, aunque reconoce que le gustan mas las fotos en tamaños pequeños.
- END
- Es el catálogo de su exposiciñon en Arles, donde pariticpo junto con un músico y un diseñador.
- En esa exposición había fotos de hasta 6 metros de tamaño, y otras que habían sido pintadas por el diseñador encima.
- K
- Un trabajo como homenaje a la muerte de su madre,con fotos hechas en Dublin y también en España en Extremadura.
- Es un libro oscuro y difícil de entender.
Eamonn Doyle (Dublín, 1969) no es uno de esos fotógrafos que sale con su cámara a diario. Tampoco acude a todas las exposiciones. De hecho, asegura que no le “interesa tanto la fotografía por sí misma”. Prefiere la literatura, el cine o la pintura, por lo que sus referencias directas parten de estos campos. Es más, estudió pintura y fotografía en Dun Laoghaire College of Art & Design y tras un par de años viajando por el Caribe y Centroamérica tratando de convertirse en un fotógrafo del mundo volvió a casa y se trasladó al número 147 de Parnell Street. “Tenía la sensación de que tenía que estar en Irlanda”, comenta Doyle a El Cultural con motivo de la exposición que actualmente se puede ver en la Sala Bárbara de Braganza de la Fundación Mapfre.
“Volví y viajé por mi país pero aun así sentía que tenía que retratar mi ciudad. Hice algunas fotos hasta que un amigo y yo pensamos en rodar una película. Hicimos una campaña para recaudar dinero y conseguimos que 800 personas pusieran 10 libras. Con el dinero decidimos comprar un estudio”. Por aquel entonces la música era una de sus grandes pasiones y un día se encontró grabando una pista para la película que tenían en mente. A partir de ese momento empezaron a grabar a nuevas bandas y la música de algunos amigos. “Sin darme cuenta estaba dirigiendo una compañía discográfica y en dos años, entre 1992 y 1993, publicamos alrededor de 10 discos de 10 grupos”, comenta.
Aquello no se quedó ahí, su interés particular por la electrónica le llevó, en 1994, a fundar D1 Recordings. La cámara de fotos había quedado en la sombra de una manera tan rotunda que en 2002 fundó DEAF, el Festival de Artes Electrónicas de Dublín. “Funcionó muy bien, había baile improvisado, música dance y electrónica, vídeo y fotografía”. Pero a consecuencia de la crisis económica la cita dejó de recibir subvenciones y en 2009 se celebró su última edición. Fue entonces cuando volvió a coger la cámara de fotos.
Pregunta. ¿Qué le interesó capturar entonces?
Respuesta. Empecé captando lo que veía en mi propia calle. Los tres libros de fotografía callejera que publiqué, que es lo que se puede ver en la primera planta de la muestra, giran en torno a Dublín, un proyecto realizado en un radio de un kilómetro desde la puerta de mi casa. Me di cuenta de que seguía unos patrones: usaba en blanco y negro en un estilo clásico y documental. Mi referencia principal era el trabajo de los fotógrafos de los primeros años de la agencia Magnum.
P ¿Había cambiado mucho el medio en esos 20 años?
R A finales de los 80 el arte no abrazaba la fotografía pero mientras yo trabajaba en el mundo de la música sufrió grandes cambios de los que no me había dado cuenta. Publiqué el primer libro de fotografía callejera aunque se había convertido en un mundo un poco sucio.
P ¿Sucio?
R Sí, no se tomaba tan en serio. Yo no salía con la intención de hacer algo diferente pero sí noté un patrón en mi trabajo. Esto fue así durante un par de meses hasta que publicamos I.
P Ese primer libro, que forma parte de la llamada ‘trilogía de Dublín’, está protagonizado por gente mayor retratada por la espalda. ¿Fue algo premeditado?
R No, no salía pensando en ello aunque esa serie reconozco que hay un patrón del que me di cuenta después porque al mismo tiempo estaba haciendo otro tipo de representaciones. Esta primera serie es la más singular en cuanto al acercamiento y el estilo. En la fotografía de calle no se puede preconcebir lo que se va a hacer: sales y te expones a lo que ocurra.
P Estas imágenes hacen que el espectador sienta que está ahí con ellos. ¿Era esta su intención?
R No tengo una intención específica pero es interesante ver las diferentes reacciones de la gente. Creo que son imágenes que podrían haber sido hechas en cualquier lugar y, en ese sentido, son universales.
P Cuando publicó el primer volumen titulado I, Martin Parr dijo que era el mejor libro de fotografía de calle de la década. ¿Qué supuso esto?
R Se vendió en cuestión de días y me dio alas para pensar en un segundo libro.
P Al que tituló On y, por cierto, se abrió más al paisaje
R Me aconsejaron que esperase un tiempo para publicarlo pero quería hacerlo ya y se publicó tan solo 10 meses más tarde, en 2015. Me rondó la idea de hacer un libro al año. En cualquier caso, creo que la gente creyó que el segundo sería igual que el anterior pero en otra ciudad. Podría haber sido interesante pero no quería ser ‘la persona que hace eso’.
P Ya ha comentado que siempre ha tenido la sensación de que tenía que estar Dublín. ¿Qué es lo que le llevaba siempre de vuelta a casa?
R He vivido en la misma zona de la ciudad durante 26 años y sigo sin sentirme parte de la comunidad. Es extraño porque me siento un outsider. Cuando me mudé era una de las pocas personas que vivía allí. Desde entonces ha habido dos o tres olas de inmigración y muchos han venido a esa calle. Cuando dejé la universidad fui a reproducir el mundo y, de pronto, aquel mundo vino allí. De modo que no se puede decir que estoy retratando a mi gente porque la calle cambia constantemente.
P Dice que es fotógrafo porque no es escritor pero Samuel Beckett ha dejado un gran poso en usted. Cuéntenos sobre las referencias al escritor irlandés en los títulos de sus tres primeros libros.
R El primero, I, es una clara referencia a su obra teatral Not I. Para el segundo se convirtió en una marca. On tiene que ver con una de mis novelas favoritas en la que escribe “You must go on. I can’t go on. I’ll go on”. Y, aunque muchos creen que el tercero, End, tiene que ver con End Game, lo cierto es que queríamos hacer un juego de palabras con un árbol [tree en inglés] pero no funcionaba. Era el final de la trilogía y coincidió con la invitación para exponer en Los encuentros de Arlés, en Francia. En la muestra quise incluir la música de David Donohoe y las ilustraciones de Niall Sweeney. Nos dimos cuenta de que END también coincidía con las iniciales de nuestros nombres: Eamonn, Niall, David. Así que abordamos el libro y lo titulamos así.
P ¿De modo que el final de la trilogía se convirtió en un nuevo comienzo?
R Yo lo sentí así y es como empecé a trabajar en un proyecto tan diferente como K.
Doyle siempre quiso captar la costa oeste de Irlanda, uno de sus lugares favoritos en el mundo. Cuando se plantó allí con su cámara se quedó un tanto frío porque “¡no había nadie!”, exclama. Empezó a capturar rocas y piedras mientras rumiaba la posibilidad de llevar a gente para que posara. “Al mismo tiempo estaba pensando en una serie de documentales que hizo Bob Quinn y en su libro The Atlantean Irish en el que establecía algunas relaciones entre esta costa irlandesa, la Península Ibérica y el norte de África. Los historiadores no tuvieron en cuenta esa teoría porque no encajaba con el origen de los irlandeses”, explica el fotógrafo.
Con eso como telón de fondo se reunió con un pescador en un hotel y al aparcar el coche vio cómo pasaba una mujer que parecía flotar vestida con una túnica larga. Aquel pescador le invitó a ver la obra teatral que estaban representando en una de las habitaciones: Yeats y sus siete musas en la que aquella mujer las representaba a todas. Al día siguiente cogió su coche y condujo durante más de siete ahora hacia la isla de Valentia en busca de la pizarra que tanto le gustaba a su madre y con la que quería diseñar su lápida (acababa de morir tras cinco años de lucha contra el cáncer). Llegó a un altar dedicado a la Virgen María y aquello le recordó a la mujer de la noche anterior. La sucesión de imágenes, como una especie de epifanía, dieron pie a K, un proyecto íntimo y poético en el que se incluyen las cartas que su madre escribía a diario a su otro hijo, fallecido 17 años atrás.
De modo que en este proyecto une su costa favorita, su historia familiar y lo adereza con el keening, un tipo de cántico de lamento antiguo para los muertos que el músico Donohoe compuso para su exposición. “Se convirtió en una especie de meditación en torno al duelo no resuelto de mi madre”, considera Doyle. Poco después, la Fundación Mapfre le invitó a hacer algo en España. Pensó en capturar Madrid pero prefirió ir a Extremadura y continuar su serie K.
P ¿Por qué decidió no disparar en Madrid?
R Estando de viaje se fotografían cosas muy obvias que no sabes que lo son. No creo que necesite irme muy lejos, no me interesa lo exótico porque supongo que ya nada es exótico, todo es accesible. Desde K no he vuelto a fotografiar.
Doyle nació en Dublin en 1969 y se ha convertido en un humanista del siglo XXI. Fotógrafo, pintor, productor de música electrónica, DJ y propietario del sello discográfico D1 Recordings, decidó echarse a recorrer el planeta con el objetivo de ser de ninguna y de todas partes a la vez, quería convertirse en «fotógrafo del mundo» y cartografiar las historias de las almas errantes que iba encontrando en su camino.
En 1994 dejó la cámara y lanzó el sello D1 Recordings. Eamonn pasó los siguientes veinte años inmerso en el mundo de la música, publicando discos, haciendo colaboraciones, grabando, dirigiendo festivales y viajando por todo el mundo. Su corazón latía, durante esos años, al ritmo de otros sonidos.
Durante la última década, sin embargo, Doyle ha vuelto a una práctica fotográfica rigurosa, centrada especialmente en las calles y matices de su ciudad natal, Dublín.
Para el fotógrafo la cámara se convierte en otra forma de seguir trabajando con un tipo de música diferente, concentrándose en su ritmo, en la vibración universal de la existencia cotidiana.
En la actualidad, él sigue viviendo y trabajando en Dublín, en su casa de Parnell Street, en cuyo sótano sigue operativo el estudio de D1 Recordings.
La muestra nos invita a viajar a otras realidades a través de 153 fotografías, 5 foto libros y una video-instalación de nueve pantallas, incluye la mirada personal del artista sobre la capital irlandesa; el drama y el ritmo de la ciudad, su luz, su textura y sus habitantes, y también la serie conocida como «K», que engloba imágenes de figuras espectrales recogidas en la costa oeste irlandesa y en el paisaje de Extremadura.
Con su trilogía formada por los trabajos i, ON y End y la serie K, Eamonn Doyle irrumpió hace seis años en el mundo de la fotografía y hoy su trabajo es reconocido internacionalmente. Fundación MAPFRE acerca su arte con la producción de una exposición que propone descubrir las “grabaciones” fotográficas de este fotógrafo irlandés cuyo trabajo y cuya vida están ligados a la música y a su ciudad, Dublín
Quien haya paseado por las calles de Dublín seguramente ha podido sentir soledad en medio del bullicio, silencio en el alboroto o tristeza en un día de fiesta nacional. Quien conoce a los habitantes de la capital irlandesa, puede reconocer sentimientos propios al contemplar las fotografías callejeras de Doyle.
Su fotografía no busca la armonía, ni la coherencia, pero consiguen, por un extraño motivo, ser perfectas sin llegar realmente a serlo, o quizá sí. No vamos a clasificar la obra de uno de los fotógrafos vivos más influyentes y habitante de ningún y de todos los rincones y ángulos de este mundo. Solo nos sale estar callados cuando estamos delante de cada una de sus fotografías, de cada una de sus historias
Todo cambia cuando cambias el punto de vista y consigues reproducir tus disparos a gran tamaño. Reconozco que me gusta más la fotografía en pequeño formato. Aquella a la que te puedes acercar como si fuera un libro y que casi puedes oler. Todo lo contrario a lo que veremos en las dos plantas de esta exposición.
Eamonn Doyle nació en Dublín en 1969. Recibió una formación cultural que le llevó, al terminar la universidad, a recorrer el mundo. Cuando terminó este viaje iniciático volvió a su ciudad y se instalo en el edificio donde estuvo el negocio familiar. Allí organizó un estudio abierto para creadores de todo tipo. Allí fundó la famosa compañía D1 Recordings de música electrónica o el prestigioso Festival de Música Electrónica de Dublín.
En este periodo efervescente musical, aprovecho para fotografiar el barrio en el que vivía. De una forma totalmente fresca y distinta. Nada que ver con lo que estamos acostumbrados. El primer libro fue i… Y todo se desbocó cuando Martin Parr dijo que era el mejor libro que había visto en una década.
Así nació todo lo que vamos a ver en la exposición. Estamos hablando de 2014… una de las carreras más fulgurantes e inesperadas a nivel mundial. Es un cuento de hadas hecho realidad. Es un estilo personal, adornado con las virtudes de la música. El espectador no solo tiene que mirar, además tiene que sentir a través de la música.
En 2016 terminó la trilogía gracias a la invitación de los Rencontres d´Arles. Ahí presentó End, después del éxito de On un año antes. Y para culminar la Fundación Mafpre le invitó a exponer en 2019. No solo veremos estos tres proyectos, sino que además incluye K, un viaje por la costa de Irlanda y las tierras extremeñas en la que intenta asimilar la muerte de su madre a través de misteriosas imágenes y los típicos lamentos de muerte de su tierra natal.
En i Doyle nos enseña la ciudad a través de los personajes anónimos que pueblan la ciudad. Parecen integrados, absorbidos por la calle. Y ante todo imponentes gracias al picado al que son sometidos y al color empleado. Estamos hablando de copias de 225×150 cm.
En On el punto de vista cambia. Y el blanco y negro sustituye al color. Ahora vemos contrapicados que permiten reconocer e identificar al paseante dublinés. Unas copias también inmensas de 160×240 cm que nos invitan a meternos dentro de la vida común de la ciudad. No es una visita turística sino la de alguien que sabe donde mirar.
End es más discreta. Más pequeña. En color, con planos cerrados que no nos permiten identificar el año en el que fueron hechas. Son más intemporales, más comunes y cercanas al espectador.
También podemos disfrutar de series menores como ‘Visita de estado’ en la que se dedica a fotografiar las alcantarillas marcadas por la policía para la visita de Isabel II en 2011 a Irlanda. Todas iguales y montadas una junto a la otra. Permiten descubrir el estilo de cada agente a la hora de confirmar que el lugar ha sido revisado por las fuerzas de seguridad.
Para terminar en la primera planta encontramos la videoinstalación ‘Made in Dublin’. Si fuera posible hacer bailar a la fotografía con la música, este serie uno de los proyectos que más cerca han estado de conseguirlo.
En la planta baja se esconde la última serie de Doyle. K es un lamento. Es un homenaje a la madre muerta, a la madre pesarosa por la muerte prematura de su hijo. Acompañado por la música del lamento irlandés (sobrecogedora pero dura para el vigilante de la sala) vemos figuras envueltas en telas movidas por el viento, el agua y la soledad. El resultado impacta, sobre todo si sabes en qué consiste la muerte de un ser querido.
Apenas había oído hablar de Doyle, pero la exposición me ha impactado. Es otra forma de ver, alejada de los tópicos y bañada por la música. Si el cine tiene banda sonora era necesario que la fotografía también sonara de semejante forma. No podemos dejar de recomendarla. Es reportaje, pero es artística. Es fría, pero el montaje apabulla por el barroquismo de la presentación. Y la música te obliga a mirar de otra forma. ¿Será el principio de un nuevo movimiento?
Eamonn Doyle mastica y regurgita Dublín
El fotógrafo irlandés presenta en la Fundación Mapfre un recorrido por su breve obra, en la que se pregunta por las texturas de la identidad de una ciudad
Eamonn Doyle nació en Dublín en 1969. Estudió pintura y fotografía y lo abandonó todo por la música electrónica. En 1994 fundó D1 Recordings, creó el Festival de Artes Electrónicas de Dublín y en 2011 se cansó de la industria musical, se compró una cámara fotográfica y salió de su casa, en el centro de la capital irlandesa. Abandonó su reducido mundo para encontrarse con la calle, con los retazos de una vida inabarcable. Unas sandalias, un vaso de plástico vaso, un suéter naranja, una chaqueta de punto, una bolsa de plástico que rebosa del cubo de basura, mucho hormigón y acera. Eamonn Doyle hace picadillo la realidad hasta dejarla en texturas, formas y gestos para tratar de entender el proceso de construcción de la identidad de una ciudad y de sus vecinos.
Esa es una parte de las 153 fotografías, cinco foto-libros y una vídeo-instalación de nueve pantallas que se pueden ver en la exposición retrospectiva dedicada a Doyle, en la Sala Bárbara de Braganza (Madrid) de la Fundación Mapfre. Como apunta el comisario Niall Sweeney, este es un recorrido por “las fuerzas visibles e invisibles que nos empujan a todos”.
La primera serie que recibe al espectador se titula i, grandes copias de más de dos metros de altura de retratos robados a personas -convertidos en personajes de Samuel Beckett- con las que se cruza alrededor de su casa. Son sus vecinos y los juzga desde un picado que hace de ellos unos gigantes débiles repletos de descuidos que salen a la luz bajo la inquisidora mirada de Doyle: cuellos de camisa sudados, caspa en las hombreras, cardados perfectos, peinados alborotados, trajes raídos, zapatos sucios y la vejez como anacronismo de la ciudad. Como decenas de godots al final de su espera en un entorno hostil y dramático.
“Cuando pintas tienes el lienzo en blanco, pero cuando fotografías, hay un lienzo repleto de cosas y de lo que se trata es de ir quitándolas”, cuenta el fotógrafo al que le gusta comparar su actividad creativa múltiple. Esa mirada desviada y tan poco fotográfica tiene una excepción: la serie ON. Vistas en blanco y negro, de frente y en contrapicado. “La piel y la ciudad parecen haber sido esculpidas en el mismo hormigón denso y granulado que pulula alrededor de la superficie de las copias. La dura luz de Dublin sopla desde el futuro y todos se preparan contra ella”, escribe el comisario en el catálogo. Niall Sweeney conoció a Doyle en la universidad y desde entonces han permanecido unidos en sus proyectos, incluso en la primera exposición fotográfica de Eamann, en los Rencontres d’Arles de 2016. Las fotos de “ON” es lo más cercano que ha estado Doyle del reporterismo o de la fotografía documental. Sus personajes tienen rostro y miran a la cámara, pero no hay ni rastro de clemencia. Son tan duros como el fondo que les acompaña.
Estos encontronazos con la identidad del barrio y la ciudad, en color y blanco y negro, le devolvieron la vida entre 2013 y 2015, de los que han salido hasta tres libros. Una trilogía de Dublín. Todo reventó y se aceleró cuando Martin Parr opinó del primero de ellos que era “el mejor libro de fotografía de calle que había visto en una década”. Eamonn sigue viviendo en su casa de Parnell Street y clasificando cualquier alteración de su entorno, aunque renegando de lo noticioso. Buena muestra de ello es la serie “End”, de la que hablamos antes, con sus pinceladas de un todo inabarcable.
La parte alta acaba con “State Visit”, una selección de las miles de fotos que hizo a la ciudad días antes de la histórica visita de la reina Isabel II, en 2011. Doyle documenta cientos de tapas de alcantarillas, todas ellas encontradas a lo largo de las mismas calles del centro de la ciudad que parecen en la posterior trilogía de Dublín. “Las mismas calles donde se había luchado por la independencia de Irlanda”, señala el comisario. “Las tapas están marcadas con pintura amarilla o blanca para indicar que han sido revisadas por las fuerzas de seguridad, y para revelar cualquier otra manipulación”, añade. Son marcas con garabatos, estrellas, siluetas de llaves inglesas, marcas de la autoridad. El piso superior se remata con el vídeo con música de David Donohoe y textos de Bob Quinn. En el inferior, Doyle ha incluido un recorrido extraño al resto de su corta obra, fruto de la muerte de su madre. Son figuras con mortajas en el paisaje, “como velas azotadas por el viento”, dice el propio fotógrafo, que incide en que se trata de “una meditación sobre el duelo”.
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